López Obrador en su laberinto

José Luis Avendaño C.

La globalización –hacer homogéneas las sociedades, en cuanto al desarrollo económico basado en el mercado—no implica necesariamente la desaparecer o debilitar al Estado Nación, sino  que éste potencie las fuerzas del mercado, y que sirvan  al capital hegemónico; fuerzas contrarias a los intereses de las sociedades o, mejor dicho, de los pueblos. Es decir, todos sus recursos, naturales y humanos, entregados en charola de plata, y disponibles y al servicio de unos cuantos, que no se utilizan de manera soberana e independiente.

Tampoco, con la globalización, desaparecen los nacionalismos que, como ideología, se traducen en pertenencias a ciertos partidos y territorios, ajenos a los intereses del pueblo trabajador, como lo vislumbró Rosa Luxemburgo en su negativa a lo que sería la primera Guerra Mundial (1914-1918), guerra interimperialista por el reparto del mundo, del mercado.

Hoy en el mundo, existen nacionalismos ofensivos, que llegan a al injerencismo y la intervención/ocupación neocolonial, como el de Estados Unidos, hoy exacerbado con la presencia de Donald Trump, y los nacionalismos de carácter defensivo, como el de México, que por geografía e historia, tiene de cuidarse, sobretodo, de EU, su voraz vecino del norte.

En la construcción de naciones son primordiales instituciones fuertes, comenzando por el propio Estado. Pero, hemos visto, como el caso de América Latina, con una independencia más formal que real o acotada, dichas instituciones se hallan subordinadas, enajenadas. Frente a sociedades débiles, se erigen los hombres fuertes o caudillos, que sustituyen a tales sociedades, y creen interpretar sus deseos y hablan por ella.

Esto fue lo aconteció en México a lo largo del siglo XIX, una vez que alcanzó, formalmente, su independencia. La lista es larga: Iturbide, Santa Anna, Porfirio Díaz, sin olvidar al mismo Juárez. En el siglo XX, se instauró elpresidencialismo, apuntalado por el régimen de partido dominante.

Hoy, entre otras cosas, se encuentra a discusión, debido a la personalidad de Andrés Manuel López Obrador, si éste, educado en la antigua tradición del nacionalismo revolucionario, ejerce su mandato de forma autoritaria, dadas sus maneras de ser y hacer que deja ver en sus conferencias de prensa mañaneras. Él mismo es su propio vocero. Cansancio, desgaste y desesperación por no ser comprendido, se asoman, ya, en sus actitudes.

Así mismo, su estilo deja muy poco o ningún margen de maniobra independiente a su gabinete. Y está su peculiar forma de entender y ejercer la democracia, a mano alzada y con preguntas inducidas –“¿Verdad que sí…?”, “¿Verdad que no…?”—, que no dejan espacio a la crítica, aun la que proviene de la izquierda, a los que, él, liberal,  tacha deconservadores.

López Obrador se equipara a Benito Juárez, autor de la segunda transformación del país, cuando, después de la guerra de Reforma y la Intervención, se afirmó México como Estado Nación, una segunda independencia, y hoy él se ve como autor de una cuarta transformación, que, más en el espíritu de Morelos, modere opulencia e indigencia.

En El Estado laico y sus Malquerientes (UNAM/Dabate. México. 2008), Carlos Monsiváis se pregunta: “¿Juárez se limitó a ‘imponer’ su mensaje?” Y para su respuesta, acude al historiador Daniel Cosío Villegas: “Un pensamiento nuevo no triunfa, y menos en ambientes hostiles o extraños, sino a fuerza de presentarlo, de discutirlo, de gritarlo cada vez en voz más alta”. En el actual caso de López Obrador, de forma casi desesperada, a fin de hacer comprensible para la Nación, la necesaria transformación que, para él, requiere el país, luego del saqueo, del festín neoliberal.

A diferencia de las anteriores transformaciones (Independencia, Reforma, Revolución), esta 4T, sería de carácter no violento. De ahí sus constantes alusiones a la no confrontación, de amor y paz, aun contra alguien como Mr. Trump, que un día sí y otro también busca la forma de molestar a sus vecinos del sur, y atiza el racismo y la xenofobia. Con todo, no se trata de romper con el modelo capitalista o salirse de la órbita imperial, según la noción de José Luis Ceceña, sino de tener una sociedad más justa, si esto todavía es posible.  

Sin embargo, desde su primer día de gobierno, López Obrador ha tenido confrontaciones con medio mundo, no únicamente representantes del capital –calificadoras internacionales, especialmente—, sino igualmente con algunas comunidades indígenas, que no comprenden su proyecto de desarrollo, que sienten ajeno, enajenante. Lo anterior ha dado como resultado que haya voces que atisban una recesión. No obstante lo cual, “vamos bien”, según el Presidente, que obviamente tiene prisa.

Sea herencias del pasado o no, el clima de inseguridad y violencia no cesa, para lo cual reaparece se ha hecho reaparecer a la Guardia Nacional en la frontera sur. Una GN para la seguridad pública para subsanar insuficiencias y deficiencias de los cuerpos de policía en su lucha contra el narcotráfico. Una GN, cuya presencia data del siglo XIX, como nos narra Guillermo Prieto, frente a la intervención estadunidense en 1846 y 1847.

“Bayonetas o desarrollo económico independiente. ¿Debíamos callar nuestros muertos, llorarlos silenciosamente en algún rincón oculto?”, se interroga Gonzalo Martré en Los Símbolos Transparentes (1978), novela sobre el 68 mexicano. Situación vigente, cincuenta años después. Dilema que las tres transformaciones anteriores no pudieron resolver.

Estampas de la Guardia Nacional

José Luis Avendaño C.

Lo de la Guardia Nacional (GN) no fue una ocurrencia, a fin subsanar deficiencias y excesos. Su presencia en México, junto a la del Ejército, viene del convulso siglo XIX. Ya Guillermo Prieto (1818-1897), escritor y político liberal, habla de ella a propósito de la intervención de Estados Unidos (1846-1847), en particular cuando se combate en la ciudad de México y sus alrededores (Molino del Rey, Tacubaya y Chapultepec), y que le costaría la mitad de su territorio.

Así, “en los molinos, izquierda de la línea: brigada del general León, compuesta de los batallones de Guardia Nacional Libertad, Unión, Querétaro y Mina”. Por otra parte, “la garita de Niño Perdido estaba enlazada con la de San Antonio, había en sus fortificaciones dos piezas de campaña, y estaba custodiada por los cuerpos de la Guardia Nacional”. El papel de la GN: de la seguridad pública  a la seguridad nacional.

Ninguna mención hace Guillermo Prieto sobre la gesta de los Niños Héroes, aunque se refiere a “Suazo, oficial de Mina, casi moribundo salvó la bandera de su batallón, enredándola en su cintura y presentándola después a los que habían escapado del desastre, cubierta con la sangre de sus heridas”.

Cuando, finalmente, Santa Anna ordena evacuar la ciudad de México, son las mujeres y los pelados los que encabezan la resistencia popular. “Muchas leperillas pedían limosna de pan, de carne y la repartían”. El 15 de septiembre de 1847 amaneció con la bandera de las barras y las estrellas ondeando en Palacio Nacional…

¡Lástima que esta GN-4T se haya estrenado en la frontera sur contra migrantes, haciéndole el trabajo sucio al Tío Donald!

 

Guillermo Prieto. Los yanquis en México. Fondo de Cultura Económica. México.2019. $20.

A Benjamín Bernal, en su cumpleaños

 

Por José Luis Avendaño

 

Rodeado de familiares y amigos, Benjamín Bernal celebró, el 30 de junio, su cumpleaños número 70. Decirlo y celebrarlo no es un signo de vejez, sino, como es su caso, de plenitud. Multifacético y actual, desde hace años escribe dos columnas periodísticas: Teatrikando y Señales Financieras, además de sus incursiones en otros medios, incluyendo los digitales.

 

Autor de dos volúmenes sobre crítica teatral, Bernal ha sido dramaturgo y director de teatro. Precisamente, ese día se hizo una lectura dramatizada de Amigos con derechos, por Gonzalo Valdés Medellín, Sofía Cárdenas, Adriana Enríquez y Arturo Amaro; obra que posee un tono radionovelesco.

 

El festejo continuó con un videodocumental sobre su vida y obra, con material del álbum familiar y escenas, debidas a Copelia Bernal, Alejandro Bernal y Jorge Benjamín Bernal García, su realizador.

 

Para completar el cuadro familiar, la música que acompaña el video, es del propio festejado, de su ópera rock Méxodo. El ágape fue amenizado por Joaquín Enríquez, con temas de comedia musical.

Además, acompañamos a Benjamín Bernal, Laura Martínez Venegas, Ángeles Marín, Zaide Silvia Gutiérrez, Dalia D León, Adriana Enríquez, Enriqueta García Corona, Laura Gutiérrez Serratos, don Gustavo Suárez, Mario Ficachi, Maykol Pérez, Luis Cárdenas White, Germán Gastélum, René Cervantes, Humberto Morales, Roberto Garcés y Luis Miguel Alarcón, entre otros.

 

¡Salud, maestro Bernal!

En corto

A puras trumpadas

José Luis Avendaño C. 18 junio 2019

 

Mientras en el Senado mexicano aprueba, en periodo extraordinario, el Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC), una especie de TLCAN recargado –hacia los intereses del capital de EU—, el tiutero presidente Donald Trump nos amenaza si en el lapso de 45 días (mes y medio), corriendo a partir del 1 de junio, México no disminuye el flujo migratorio, proveniente de Centro América.

 

En su estilo bufonesco, ante periodistas, blande una sola hoja doblada de papel, donde, supuestamente, hay un acuerdo secreto que obligará a México. La administración lópezobradrista reacciona de inmediato, al mandar a su frontera sur un contingente de la recién creada Guardia Nacional, que se estrena contra la población vulnerable de los migrantes. Con tal decisión, observa el presidente de la Cámara de Diputados, Porfirio Muñoz Ledo, México vuelve a su estatus (neo)colonial.

Trump revuelve peras con manzanas; en nuestro caso, aranceles con migrantes, a los considera indeseables, peronecesarios, allá y aquí, para la economía, pues se traducen en menores costos de producción, con el fin de competir con otros bloques y regiones. La contribución mexicana es en (súper)explotación de recursos y de fuerza de trabajo.  

 

Desde mediados de la década de los noventa, Michael Kearney señala, con agudeza, que “el trabajador extranjero es deseado, pero no la persona que la encarna”. Sólo es bienvenido a Estados Unidos., sin aranceles ni muros de por medio, quienes llegan con dinero para invertir, así sea lavado.

 

Habla Trump más como candidato que busca, ahora, su reelección, que como presidente. En su estrecha visión, ha hecho de los mexicanos, los chivos expiatorios de los males de la economía estadunidense. Y en el mismo sentido, somos –retomando el lenguaje del poder, sus puerquitos. Un día sí y otro también, desde hace cuatro años, despotrica contra nosotros, reeditando, en una mala copia, antiguos conflictos: proteccionismo versus libre comercio, nacionalismo versus globalización.

 

En el libre comercio operan, como en todas fuerzas del mercado, no la equidad y la justicia, sino la ley del más fuerte, con la que son sacrificados, previo saqueo de sus recursos, los más débiles. Bajo esta premisa se da la relación histórica dominante de México frente a Estados Unidos, no obstante políticas de buena vecindad y de cooperación y desarrollo.

 

En este tenso ambiente de guerra comercial y de ideas, el presidente mexicano, al no asistir a la reunión del G-20, perdió la oportunidad de intercambiar opiniones sobre la situación global, en particular con China, que también enfrenta problemas arancelarios con Estados Unidos, cuyo mandatario está obstinado en resolver todo a base detrumpadas.

 

Fue Porfirio Díaz quien sentenció: “Pobre México, tan lejos de Dios, tan cerca de Estados Unidos”. Y así nos ha ido. Aparte del despojo de más de la mitad de su territorio, ha sido el más invadido o intervenido por EU, con el que hoy optamos por el amor y paz, reiterando lazos de amistad con la sociedad estadunidense, donde hay sectores que no concuerdan con algunos dichos y hechos de su presidente.

 

En su estilo coloquial, López Obrador afirmó que no podemos enojarnos, como en la escuela, y decir: “Nos vemos a la salida”, para darnos de golpes, trompadas, pues. Más, cuando vamos en el mismo salón de clase y hasta somos compañeros de banca. Algo que pasa por alto el berrinchudo Tío Donald.

 

Al finalizar la contienda revolucionaria, Estados Unidos mantenía su apetito sobre México, pero esta vez con otras armas: las más sutiles de la ideología y la educación. Robert Lansing, quien había sido secretario de Estado con Woodrow Wilson, en 1923 escribió una carta, que no tiene desperdicio (cursivas mías):

 

“México es un país extraordinario, fácil de dominar porque basta con controlar un sólo hombre: el presidente. Tenemos que abandonar la idea de poner en la presidencia a un ciudadano americano ya que esto llevaría otra vez a la guerra.

“La solución necesita más tiempo: debemos abrir a los jóvenes mexicanos ambiciosos las puertas de nuestras universidades y hacer el esfuerzo de educarlos en el modo de vida americano, en nuestros valores y el respeto al liderazgo de Estados Unidos.

“Con el tiempo esos jóvenes llegarán a ocupar cargos importantes, finalmente se adueñarán de la presidencia; entonces, sin necesidad de que Estados Unidos gaste un centavo o dispare un tiro, harán lo que queramos.

“Y lo harán mejor y más radicalmente que nosotros.”

En diciembre de 1982, asaltó el poder una joven generación de tecnócratas, educados bajo las enseñanzas de Milton Friedman (diez años antes, en septiembre de 1973, mediante un golpe militar, Chile fue su laboratorio). Se inició, no sin resistencias, un amplio proceso privatizador, redefiniéndose la función social del Estado. Situación que lamentó, y aún lamenta, la maestra Ifigenia.

 

Hoy, frente a las agresiones verbales de Donald Trump, se apela al expediente de la unidad nacional, cuando no se halla resuelta la cuestión del fin del neoliberalismo, que todavía campea por los pasillos de la Secretaría de Hacienda y el Banco de México, al priorizar la estabilidad sobre el crecimiento. Un cascarón más duro de quebrar.

 

Estilos de gobernar

José Luis Avendaño C.

 

“No se puede juzgar al hombre político por el hecho

de que sea más o menos honesto, sino por el hecho

de que mantenga o no sus compromisos”.

A.  Gramsci

 

1

Fue don Daniel Cosío Villegas quien se refirió, en el caso de México, al estilo personal de gobernar. Eran los tiempos del monopolio del PRI, que llevaba la batuta desde 1929 (antes como PNR y PRM), y que se extendió, formalmente, hasta el 2000. Aunque fue dominante un solo proyecto de gobierno, emanado del movimiento revolucionario, cada presidente le imprimía, según su personalidad, su propio estilo, sin olvidar las circunstancias del momento.

Un estilo que pareciera contraponer, por ejemplo, a Lázaro Cárdenas con su sucesor, Manuel Ávila Camacho, por no mencionar Miguel Alemán. Y no se digan Carlos Salinas y Vicente Fox. Este estilo personal, ¿se refiere a su carácter o a su forma de administrar el poder? Por ejemplo, a Adolfo López Mateos (1958-1964), su don de gentes y afición por los automóviles no le impidió ejercer la mano dura cuando fue necesario, definiendo a su gobierno como “de izquierda dentro de la Constitución”.

¿Y el estilo personal de Andrés Manuel López Obrador? Son ya tradicionales sus conferencias diarias, las mañaneras, con la que establece la agenda –que replicarán y comentarán, a botepronto, los medios. Pausado, midiendo el peso de cada palabra, cuando alguien le rebate, contesta: “Yo tengo otra información”. Así, ha podido, en el primer semestre de gobierno, capotear a sus críticos de todos los tonos, englobándolos como conservadores.

En su lucha por la corrupción, vista como la raíz de los problemas del país, se transitó de la austeridad republicana (en el sentido juarista) al de la pobreza franciscana. Acudió al ya de por sí acotado (por los compromisos de la deuda) instrumento del gasto público, recortándolo y/o reasignándolo, en un espacio donde que las necesidades productivas y sociales rebasan los recursos disponibles. Una carrera, históricamente a contracorriente, contra el tiempo.

 

2

El tránsito del nacionalismo revolucionario al modelo neoliberal, en diciembre de 1982, con Miguel de la Madrid (y Salinas desde la Secretaría de Programación y Presupuesto), representó un golpe económico de Estado, lo que significa la virtual privatización del Estado. Aunque en la práctica se achicó, con el remate de las empresas públicas, nunca perdió su función de subsidiar al capital y, en caso extremo, de acudir a su rescate. Allí está el caso del Fobaproa, con el que se hipotecó el futuro de varias generaciones de mexicanos.

Aparentemente, habían cambiado las reglas del juego. Lo que interesaba era la modernización del régimen, para lo cual la clase capitalista jugó, desde entonces, un papel políticamente más activo. Situación que se apreció con mayor claridad en el año 2000, cuando el PAN llegó al gobierno. En el fondo, hubo continuidad de la política económica, de la férrea mano del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, bajo la supervisión del Banco de México. Sobre todo, lo que importa es la estabilidad monetaria y financiera; nuestra calidad –con estrellita en la frente— de buenos pagadores.

 

3

Tanto el de Donald Trump como el de Andrés Manuel López Obrador, son dos maneras de practicar nacionalismo: uno ofensivo, bajo la doctrina del destino manifiesto (1823), expansionista hacia el oeste y el sur (la mitad de México engullida en 1847-48), que culmina, hoy, con el intento de restablecer la grandeza de América, que así, en corto, se denominan los vecinos del norte, expropiándose (no sólo) un apelativo que pertenece a todo un continente. El ejecutivo de un banco internacional establece como una señal de incertidumbre para los mercados los tuits del actual inquilino del Casa Blanca.

El magnate inmobiliario, de familia de migrantes, hace de México un chivo expiatorio de los males de la economía y sociedad estadunidenses, en cuanto a pérdida de empleos y consumo de estupefacientes. Un presidente que no dejado de estar en campaña permanente (busca la reelección el primer martes de noviembre de 2020), en plena ratificación del Tratado México-Estados Unidos-Canadá (TMEC), un TLCAN plus, que impone aranceles a productos madeinmexico, de cinco por ciento mensual, si no disminuye el flujo migratorio.

Aquí se encuentra la debilidad, de origen y estructural, de esta forma de integración norteamericana, en la que México se desvinculó, vía la geoeconomía, de América Latina. Tal debilidad es la no admitir, dentro de corriente de mercancías, capitales y servicios, a las personas o la mercancía fuerza de trabajo, que sigue siendo la manzana de la discordia en cualquier negociación.   

En el caso de México, principalmente, el nacionalismo se da a partir de su postura frente a Estados Unidos, con el que comparte más de tres mil kilómetros de frontera. Siempre representó un riesgo y una amenaza; ahora, era tiempo de la oportunidad, de aprovechar las ventajas de la vecindad, en los tiempos de la globalización, cuya premisa es la integración económica, pero, como vemos, es una integración cucha.

En una carta, ahora dirigida a Trump, que quiere ser diplomática, en son de paz, califica de falacia el lema de America first (Primero Estados Unidos), y se pronuncia contra la Ley del Talión –ojo por ojo, diente por diente— en las relaciones internacionales; de lo contrario, todos estaremos chimuelos y tuertos (¿cómo se traducirán estos elevados conceptos filosóficos en lenguaje que entienda el míster?).

 

4

¿Dónde se acomoda la noción de cuarta transformación, la 4T? Recuérdese que las anteriores transformaciones se refieren a los periodos de Independencia (1810-1821), de Reforma y la República restaurada (1857-1867) y de la Revolución (1910-1920). Fueron transformaciones que cambiaron, de manera violenta, estructuras, fueran éstas políticas, económicas y sociales. El objetivo fue y es acomodarse al capitalismo, del cual México fue una semilla a través del proceso de acumulación originaria.

El territorio nació, como Nueva España, en plena era de descubrimientos y conquistas, la primera globalización. Los metales preciosos, oro y plata, que en estas tierras poseían un carácter ritual y ornamental, en Europa, con el sistema monetario, eran de valor y estima: “Poderoso caballero, don Dinero…” Fue el comienzo de un largo periodo de expoliación (este año se cumplen 500 años del arribo de Hernán Cortés, motivo de una carta de López Obrador, dirigida al rey de España), y que todavía padecen, en muchos lugares, los descendientes de los pueblos originarios.

Hoy, nos encontramos en el umbral de una cuarta transformación, de manera no violenta; un cambio de adentro hacia fuera: más moral y social, a partir de un cambio de actitudes y costumbres, acorde con las necesidades de una comunidad que es mucho más que la sociedad anónima. La divisa de primero los pobres, no necesariamente significa un llamado de cambio de sistema, en este caso, el capitalismo, aun cuando sea una ruptura necesaria, sino de desechar un modelo que muestra su lado más irracional y salvaje  del sistema para el 99 por ciento de la población del planeta. La apuesta es que la mayor cantidad de marginados y excluidos se incorporen, dignamente y con mejores armas, al mercado, que es, por ahora, el terreno, desnivelado, de juego.

 

5

Mia Coto, periodista y escritor de Mozambique, en su novela: El balcón del frangipani (Elefanta del Sur/Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. México. 2004), hace decir a uno de los protagonistas: “Usted nunca va a entender. Lo que está pasando aquí es un golpe de Estado… un golpe contra el tiempo antiguo”. A pesar de todo, “hay que guardar este pasado. Si no, el país se quedará sin suelo”.

En esta lucha de rescate del pasado-presente, de lo mejor de nosotros mismos, en términos de resguardar nuestra identidad, independencia y soberanía, nos encontramos en estas horas críticas. No es tarea, exclusivamente, de un solo hombre, por más bienintencionado que sea. Las fuerzas a las que se enfrenta (enfrentamos) siguen vivas y coleando, actuantes.

 

#UnTeatroMás
 
José Luis Avendaño C.

En tiempo de recortes y despidos, la cultura es el patito feo de todo presupuesto. De ahí que sea gratificante que se abra un espacio para el teatro; un acto “heroico”, según Enrique Singer, director artístico de la Compañía Nacional de Teatro (CNT). “Mientras se abren antros, se cierran teatros”, sentenció.

Y es con la puesta en escena El Padre, de August Strindberg, que se reabre el Teatro María Tereza Montoya, precisamente con la CNT, y bajo la dirección de Raúl Quintanilla. El  lugar, que se ubica en el Eje Central Lázaro Cárdenas no. 912, entre Eje 5 y Eje 6, se quiere posicionarlo como centro cultural.

De  ahí que junto al mezzanine, con un mural de mosaico veneciano, obra de Jorge Cajudo, haya un amplio lugar que sirve, esta vez, de galería, con Mutualmagia, de tres jóvenes artistas: Alely Meza, Julio César López y Rafael Monroy.

El recinto se haya en la 2ª. Colonia del Periodista (Rafael Solana y Luis Spota tienen sus calles), que data de 1949, por lo que tiene una casa de cultura Periodista, como anexo (¿o es al revés?), donde se tiene contemplados proyectos de música, danza, artes plásticas, literatura y cine.

La función de reestreno, con la obra de Strindberg, sobre el papel del padre dentro de la familia, será el próximo sábado 11 de mayo a las 19 horas, y habrá otra función al día siguiente, domingo 12 a las 18 horas, a precios accesibles. A los tradicionales descuentos (estudiantes, maestros, de la tercera edad), se suman descuentos para los vecinos de la alcaldía de Benito Juárez.

Entre las actividades programadas se hallan homenajes por los natalicios de Carlos Chávez y José Pablo Moncayo, además de la conmemoración de la primera proyección de cine en México. Para la programación teatral, se lanzará una convocatoria, del 9 de mayo al 9 de julio, para artistas y grupos profesionales independientes, a fin de garantizar las temporadas de 2019 (a partir del 26 de agosto) y 2020. Los proyectos deberán enviarse a la página web de la alcaldía Benito Juárez de la Ciudad de México.

Si quieren saber más de María Tereza Montoya, acérquense a la exposición sobre las divas, que se presenta en el Museo El Estanquillo, como parte de las, al parecer, inagotables colecciones de Carlos Monsiváis.

3 de Mayo

Por José Luis Avendaño

 

Éste es el Día de la Santa Cruz, la fiesta de los obreros de la construcción, en la que conviven –pulque de por medio—inges y albañiles.

“¿Quién construyó Tebas, la de las Siete Puertas?

En los libros aparecen los nombres de los reyes.

¿Arrastraron los reyes los bloques de piedra?

Y Babilonia, destruida tantas veces,

¿quién la volvió siempre a  construir? ¿En qué casas de la

dorada Lima vivían los constructores?

¿A dónde fueron los albañiles la noche en que fue

terminada la Muralla China? La gran Roma está

está llena de arcos del triunfo. ¿Quién las erigió?”

Las anteriores son algunas ‘preguntas de un obrero que lee’, según Bertolt Brecht.

 

Sobre construcciones y deconstrucciones, aquí en México, en medio de una espiral de violencia e inseguridad que no termina, se dice que el país es una enorme fosa, donde van a parar cientos y miles de cuerpos, que hoy, sin nombre ni rostro, son apenas restos. Por lo tanto, no resulta extraño que la segunda edición del Premio Breach/Valdez de Periodismo y Derechos Humanos se le haya otorgado al reportaje colectivo “El país de las 2000 fosas”. Los autores son Alejandra Guillén, Mago Torres, Marcela Turati, David Eads, Érika Lozano, Paloma Robles y Aranzazú Ayala.

El premio se da en este Día Mundial de la Libertad de Prensa en memoria de dos periodistas asesinados en 2017, Miroslava Breach y Javier Valdez, hace 713 días y 720 días, respectivamente, cuyos casos (más de un centenar de periodistas entre los miles de muertos y desaparecidos), como la gran mayoría, están impunes.

El reportaje incluye la investigación de fosas clandestinas descubiertas entre 2006 y 2016 en las 32 entidades del país (hoy mismo, se localizaron 62 fosas en el municipio de Úrsulo Galván, Veracruz), acompañado de un mapa nacional interactivo https://data.adondevanlosdesaparecidos.org/ y24 mapas estatales https://adondevanlosdesaparecidos.org/mapaestados/

23 de Abril

Hoy es el Día Internacional del Libro (habrían muerto el mismo día de 1616, William Shakespeare y Miguel de Cervantes). Y en El Libro de los Abrazos, Eduardo Galeano escribe sobre La dignidad del arte:

“Yo escribo para quienes no pueden leerme. Los de abajo, los que esperan desde hace siglos en la cola de la historia, no saben leer o no tienen con qué.

“Cuando me viene el desánimo, me hace bien recordar una lección de dignidad del arte que recibí hace años, en un teatro de Asís, en Italia. Habíamos ido con Helena a ver un espectáculo de pantomima, y no había nadie. Ella y yo éramos los únicos espectadores. Cuando se apagó la luz, se nos sumaron el acomodador y la boletera. Y, sin embargo, los actores, más numerosos que el público, trabajaron aquella noche como si estuvieran viviendo la gloria de un estreno a sala repleta. Hicieron su tarea entregándose enteros, con todo, con alma y vida; y fue una maravilla.

“Nuestros aplausos retumbaron en la soledad de la sala. Nosotros aplaudimos hasta despellejarnos las manos.”

Michelle Bachelet en México

José Luis Avendaño C.

 

México vive una crisis de derechos humanos. Así lo estableció Michelle Bachelet, Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, al culminar una visita de cinco días a México, del 5 al 9 de abril. Mira con optimismo la llegada del nuevo gobierno, encabezado por Andrés Manuel López Obrador, quien representa “un cambio de paradigma: uno que asume la centralidad de los derechos humanos”.

La ex presidenta de Chile puso como ejemplo de este cambio la creación de la Comisión Presidencial para la Verdad y Acceso a la Justicia para el caso Ayotzinapa, con el que se busca “develar la verdad, proveer justicia, reparar a las víctimas y asegurar la no repetición de estas violaciones” de los derechos humanos.

En un encuentro final con la prensa, comentó la situación concreta de los desaparecidos, los defensores de derechos humanos, los periodistas, las mujeres víctimas de tortura sexual y feminicidio, los migrantes y los indígenas, así como de encarcelados injustamente.

Bachelet se refirió a la desaparición forzada de 43 estudiantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa, Guerrero, y la muerte de seis más, en la noche del 26 de septiembre de 2014, cuando viajaban rumbo a la ciudad de México para asistir a un aniversario del 2 de Octubre, y cuyo autobús fue secuestrado. Un caso emblemático, plagado de “graves irregularidades”, según el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes, que echó por tierra la versión históricadel anterior gobierno.

Durante su visita se reunió tanto con el Presidente y otras autoridades, como con padres y familiares de asesinados y desparecidos, además de miembros de organizaciones de la sociedad civil. “Como les dije a altos cargos gubernamentales, no se puede avanzar hacia el futuro sin esclarecer las sombras del pasado”.

Si alguien sabe de estas cosas es una persona como ella, quien perdió a su padre, fallecido en prisión durante la dictadura militar chilena. “Un dolor que no me es desconocido”, dijo, emocionada.

“El caso Ayotzinapa reveló al mundo un problema central y transversal en México: el de las más de 40,000 personas desaparecidas, un cuarto de ellas mujeres. A la par, existen 26,000 cuerpos sin identificar registrados por el Estado y se han localizado más de 850 fosas clandestinas. Estos datos son aterradores”, calificó la hoy funcionaria de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Además, “debo señalar que tan trascendental como resolver los casos abusos y violaciones del pasado es evitar que se reproduzcan nuevas atrocidades. México tiene cifras de muertes violentas propias de un país en guerra: 252,538 desde 2006”.

Dio su respaldo a la creación de la Guardia Nacional, “efectiva y respetuosa de los derechos humanos”. Pero quedó en el aire su respuesta en torno a la conveniencia de un mando civil o militar de la Guardia Nacional.

“Más grave aún es el hecho de que sigan produciéndose nuevas desapariciones, tal y como estableció en 2018 el Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU. Así  como que en la inmensa mayoría de los casos la impunidad sea la regla”. De ahí su compromiso con familiares de las víctimas: “Hago mía su reivindicación de contar con un sistema de efectivo de búsqueda de todas las personas desaparecidas, nacionales y extranjeras, así como su exigencia de justicia”.

 

 

El fin del modelo no es el fin del sistema

José Luis Avendaño C. 22 marzo 2019

 

1

De la esperanza al escepticismo. De esta manera oscila el ánimo social frente a la Cuarta Transformación (4T) en México. No será asunto fácil ni rápido. Todavía existe un clima de violencia e inseguridad. Una sola cifra: en lo que va del sexenio, suman seis periodistas asesinados.

¿Qué tanta de esta inseguridad es propia a la violencia estructural que ha generado la imposición de un modelo económico que excluye a más del 85 por ciento de la población; modelo para el uno por ciento, y que en este arsenal de mercancías que conforma el sistema, la que más se desvaloriza es la mercancía fuerza de trabajo?

“Quedan abolidos el modelo neoliberal y su política de pillaje antipopular y entreguista”. Así de tajante, el 17 de marzo decretó el presidente Andrés Manuel López Obrador en Palacio Nacional, durante los trabajos de donde saldrá el Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024.

Se mostró convencido de que “la modernidad puede ser forjada desde abajo y sin excluir a nadie”. No, como ahora, que ha beneficiado a unos pocos de arriba. Por eso, hace un llamado a éstos, a “los pocos de arriba”, para que acepten algunos cambios para no perderlo todo. Y reitera su viejo lema, que quiere ser programa de gobierno: “Por el bien de todos, primero los pobres”.

 

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¿En qué consiste el modelo neoliberal? Aunque se remonta a la época de la postguerra, no es hasta con la dupla Reagan-Thatcher (Ronald Reagan, presidente de Estados Unidos, y Margaret Thatcher, primera ministra de Gran Bretaña) cuando se establece como ideología económica dominante, vía el Consenso de Washington (1989), y se convierte en doctrina con su respectivo decálogo. Su puntual observancia estuvo a cargo de los siameses Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial

Dos frases de Thatcher definen su alcance: “No hay alternativa” y “Eso que llamamos sociedad no existe” (si la hubiera escuchado Gramsci). Su objetivo fue destruir el Estado de Bienestar y desmantelar sus instituciones, cuando el Estado fue rector de la economía, con una política redisdistributiva que permitió el desarrollo de mercados internos.

En México, el modelo se impuso en diciembre de 1982, con Miguel de la Madrid de presidente y Carlos Salinas, secretario de Programación y Presupuesto. Se hizo transexenal; situación que siguió su curso aun con la alternancia, en el 2000, al llegar el PAN, luego de 71 años del PRI (que nació en 1929 como PNR). Por encima de los personales estilos de gobernar, la continuidad neoliberal.

El proceso no únicamente incluyó a las empresas y los recursos de carácter público y social –hoy, la disputa por el agua—, sino que culmina con la privatización del mismo aparato estatal. Con el tiempo, se demostró que, como afirma López Obrador, que son patrañas y sofismas que el mercado sustituye al Estado; mercado cuya mano invisible es el propio Estado, como cuando rescata a grandes empresas y ejecutivos, detonantes de mayores crisis.

 

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Ya sabemos que Estados Unidos se opone a cualquier gobierno, que aunque no sea socialista o comunista, tan siquiera nacionalista, y defienda así, de manera soberana, el uso de sus recursos naturales, a través de una política independiente a los designios de Washington. Hoy, es Venezuela, como ayer fue y es Cuba. Y antes fue Guatemala y la Nicaragua de Sandino. Sólo para hablar de América Latina.

El laboratorio del modelo neoliberal, habrá que recordarlo, se impuso el 11 de septiembre de 1973, a sangre y fuego, en Chile, donde se impuso la dictadura pinochetista, no sin la bendición de Estados Unidos. Desde llegó al gobierno Salvador Allende, en 1970, se buscó derribarlo. Para ello, el gobierno contó con influyentes amigos.

Según Howard Zinn, autor de A People’s History of the United States (Una Historia del Pueblo de Estados Unidos), “en 1970, un ejecutivo de la ITT, John McCone, que también había sido director de la CIA, le dijo a Henry Kissinger, secretario de Estado, y a Richard Helms, director de la CIA, que la ITT estaba dispuesta a dar un millón de dólares para ayudar al gobierno de EU en sus planes de derrocar al gobierno de Allende en Chile”. Más adelante, “cuando, en 1974, el embajador norteamericano en Chile, David Popper, le insinuó a la Junta (pinochetista), que estaba violando los derechos humanos, fue increpado por Kissinger, que mandó un mensaje: ‘Díganle a Popper que deje las lecturas de ciencias políticas’”. Una lección de realpolitik.

 

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No sólo hay escollos en el camino hacia la 4T, sino contradicciones de origen.  El Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) es, como su nombre indica, más un movimiento que un partido, donde caben casi todos, y en consecuencia con intereses diversos, que se contraponen y chocan. Su denominación proviene de Regeneración, periódico de oposición a la dictadura porfirista, editado por el Partido Liberal Mexicano, más cercano al anarquismo que al liberalismo político. De ahí las diferencias de los hermanos Flores Magón con Madero, a quien López Obrador admira, pero una innecesaria carta compromiso de no reelección.

En La Revolución Magonista. Cronología narrativa, de Armando Bartra y Jacinto Barrera (Brigada para Leer en Libertad. México, 2018), se consigna un párrafo revelador, con fecha del 3 de abril de 1911: “Se publica enRegeneración el manifiesto de la Junta (Organizadora del Partido Liberal Mexicano) ‘A todos los trabajadores del mundo’, en el que se caracteriza a la Revolución Mexicana como ‘revolución social’ anticapitalista. Se descalifica a la corriente maderista como portadora de un proyecto de simple reforma política. Se denuncia la movilización militar norteamericana como como solidaria a la dictadura y finalmente se llama a la agitación y solidaridad mundial para evitar la intervención norteamericana y apoyar la auténtica revolución. En el manifiesto se trasluce una cierta desesperación por la apatía y pasividad mostradas por los trabajadores”. Reflexión para los días que corren.

 

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Estos son los alcances de la 4T. No se trataría ser anticapitalista, como explícitamente lo manifestó Marichuy, vocera del Consejo Nacional Indígena y precandidata presidencial. Después de seis sexenios, se trata de romper con el modelo, no con el sistema, a fin de instaurar un régimen postneoliberal. No es poca cosa. Pero aún revolotean y chillan por ahí aves de rapiña neoliberales.

No puede ser la sola voluntad presidencial la que haga una transformación, sino que debe estar acompañada de una voluntad colectiva convertida en acción –desde las entrañas de la tierra— que la haga lo más real, profunda y duradera posible.

Los primeros cien días de AMLO

José Luis Avendaño C.

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Que sí, que no, que quién sabe, que así no, que casi, que así…

Después de un estira y afloja, propio de cualquier negociación, el Poder Legislativo aprobó la creación de la Guardia Nacional, la iniciativa del Poder Ejecutivo. Una de las primeras lecciones que ha recibido Andrés Manuel López Obrador, en el ejercicio del poder, es que una cosa es ser candidato o ser oposición y otra, muy distinta es ser presidente.

No era cosa fácil y simple que, luego de doce años de la llamada guerra contra las drogas, cuya estela de violencia ha dejado más de cien mil muertos y más de cuarenta mil desaparecidos, con las fuerzas armadas –Ejército y Marina— en las calles, haciendo funciones de policía, ellas regresasen a sus cuarteles.

Resulta claro que el Presidente tiene prisa. Arribó a Palacio Nacional al tercer intento, tiempo que le ha servido para recorrer el país de arriba abajo, conociendo sus necesidades y potencialidades. En el largo periodo de transición (cinco meses, de julio a noviembre) tuvo tiempo de afinar un programa de gobierno, que se antoja ambicioso, por todo lo que se debe de cambiar, si va en serio lo de la cuarta transformación(4T), ésta no violenta, a fin de  el país sea otro. Un sexenio parecería poco tiempo. Pero, habría que hacer un ejercicio de memoria histórica.

“Parecería un sueño pensar que un gobernante pueda transformar una urbe cosmopolita en cinco años; por increíble que parezca fue una hazaña que logró don Juan Vicente Güemes y Padilla, segundo conde de Revillagigedo, durante su desempeño como virrey, de 1789 a 1794. La Ciudad de México de esos años era insegura y sucia, los servicios públicos eran escasos y malos y existía una gran corrupción dentro y fuera del gobierno.” Así comienza una de sus sabrosas crónicas Ángeles González Gamio (La ciudad que me habita. Crónicas amorosas de la Ciudad de México. Miguel Ángel Porrúa. México. 2016); crónicas que publica semanalmente desde 1992 en el diario La Jornada, y que reúne en cuatro tomos.

“En materia de seguridad, (Revillagigedo) estableció el servicio de los ‘serenos’ que cuidaban los faroles por la noche y brindaban ayuda a los vecinos. También estableció cuerpos de guardias llamados ‘vivaques’ que auxiliaban a los ‘serenos’. En el día la ciudad era vigilada por patrullas de infantería y un grupo especializado conocido como ‘dragones’. Todo ello mejoró de manera notable la tranquilidad citadina”.

Así que démosle a AMLO el beneficio de la duda o, mejor dicho, un voto de confianza.

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Muera el mal gobierno…”. Así reza una pancarta en el campamento instalado fuera de Palacio Nacional. Sí. Pero se refiere al mal gobierno en el estado de Guerrero, en el sur del país.

Un Palacio Nacional que por muchos años estuvo cercado por vallas metálicas, para evitar pintas y otras manifestaciones de enojo (recuérdese el petardo que estalló en una de sus puertas). Por estos días, se hallan pequeñas carpas donde un grupo de campesinos protesta por promesas incumplidas: añejas, si tenemos en cuenta el lema deTierra, Libertad y Justicia, que recuerda un legado centenario y siglos de agravios. En este año conmemorativo del asesinato, a traición, de Emiliano Zapata, el 10 de abril de 1919.

Y es, precisamente, en tierras de Zapata –la entidad morelense—, donde el pueblo se alebresta hoy contra el gobierno federal, tal como Zapata desconfió de Madero, hace poco más de un siglo, a partir de qué tan profunda debiera ser la revolución –la tercera transformación—: si sería sólo política, democrática, vía el sufragio efectivo, o llegaría a cambiar radicalmente la estructura económica y social.

En juego, como ayer, se encuentran los recursos naturales, a través del Programa Integral Morelos, de cortedesarrollista, heredado de seis sexenios del modelo neoliberal –intocado—, y con que se pretende despojar a las comunidades en beneficio de unos cuantos. Proyecto que ya cobró la vida de Samir Flores, activista del Frente en Defensa de la Tierra y el Agua y comunicador de la radio comunitaria.

¿Con qué ánimos se recordará a Zapata?  

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Uno de los deseos más caros de Andrés Manuel López Obrador ha sido el de volver a hacer de Palacio Nacional la sede de la casa presidencial, siguiendo la tradición juarista: el Benemérito murió allí, luego de habitarla, cuando las circunstancias no lo obligaron a llevar a cuestas la República itinerante (con todo y Archivo de la Nación). Un Palacio Nacional por lo pasaron el mismo Zapata y Pancho Villa, cuando llegaron, en diciembre de 1914, a la ciudad de México, y en cuya silla presidencial, el jefe del Ejército Libertador del Sur, se negó a sentarse porque, dijo, que estabaembrujada, pues cambiaba a los hombres que la ocupaba.

López Obrador llega a sus primeros cien días como presidente, con su estilo personal de gobernar (Cosío Villegas dixit), en la destacan sus conferencias mañaneras, con lo que no sólo establece la agenda política diaria, sino también un peculiar estilo de comunicación: pausado pero no exento de contradicciones y con el riesgo de la sobreexposición, que lo lleve a un innecesario desgaste.

Son cien días, que la tradición política estadunidense denomina luna de miel. Periodo que, sin embargo, no ha estado exento de roces, que lo han enfrentado, sobre todo, con el sector empresarial por la cancelación del nuevo aeropuerto. Aunque se limaron asperezas, el caso escaló a las calificadoras internacionales de riesgos, cuya primera reacción oficial fue descalificarlas.

En el ínterin, se establecieron compromisos con el capital para crecer cuatro por ciento anual, el doble de lo que se observó en el periodo 1983-2018.  El objetivo sexenal es hacer de México un paraíso para la inversión.

¿Y la 4T? La cuarta transformación, digna de ese nombre, tendría que poner fin a la superexplotación del trabajo. Nada más. Nada menos.

Otras voces, otras visiones

José Luis Avendaño C.              22 enero 2019

 

En principio, se trata de terminar con seis sexenios de modelo neoliberal. O, si se quiere, con el antiguo régimen, que viene desde 1929, en el que el PAN (2000-2012) sólo fue la continuidad del PRI. Un modelo de reconcentración del ingreso, con su estela de exclusión social, al que se sumó un clima de inseguridad y violencia, corrupción e impunidad, de los últimos doce años.

Apenas lleva unas cuantas semanas como presidente, y a Andrés Manuel López Obrador ya se le exigen cuentas como si llevara años. Él mismo ha propiciado esa exigencia a partir de una febril actividad desde los cinco meses del periodo de transición (julio-noviembre) antes de tomar, formalmente, posesión. Apoyadores y detractores le hacen un marcaje personal. No admiten que se equivoque. Le exigen cambios inmediatos. De qué calado o profundidad, depende de la correlación de fuerzas o de la lucha de clases, concepto y práctica que se quiere barrer.

En la euforia del triunfo electoral, indiscutible del 1 de julio, habló de una cuarta transformación, siendo las tres anteriores: la Independencia, la Reforma y la Revolución. Y se ve, él mismo,   retomando las banderas de Hidalgo, Morelos, Juárez, Madero y Lázaro Cárdenas. Apenas tiene tiempo: seis años… De ahí que actúe con prisa, cuando no con precipitación. Lo que genera contradicciones, como en el caso de la Guardia Nacional, más en función militar que estrictamente policial.  

Pero una cosa es que, al tercer intento, sea gobierno, y otra es que haya alcanzado plenamente el poder. Allí están suspleitos a raíz de la suspensión de las obras de ampliación del aeropuerto de la Ciudad de México, que puso a temblar a los mercados y que derivó en la creación un concejo empresarial a manera de asesor. De ahí que el proyecto del Tren Maya, de carácter desarrollista, va porque va. Antes que hacer, o además de una consulta ciudadana,  se debe consultar a las comunidades indígenas.

Y está el asunto del huachicoleo (ordeña de ductos de petróleo), donde se mezcla la pobreza y la ignorancia con el crimen organizado y lavado de dinero, delitos de cuello blanco. Bien por la decisión presidencial de agarrar al toro por los cuernos, pero habrá que ir al fondo en ese hoyo negro de la corrupción e impunidad. El accidente en el poblado de Tlahuelilpan, en el estado de Hidalgo, es una dramática manifestación de ello.

No es tarea fácil. Requiere de mantener a la sociedad alerta, movilizada e informada. En esto último, no bastan las conferencias mañaneras, que sólo reflejan la versión oficial, para contrastarla con el ruido mediático de los grandes consorcios. Si en verdad se quiere hacer efectivo el lema: Primero los pobres, no se trata de hablar por ellos, sino incluir en el debate sus voces, comenzando por no silenciar a las radios comunitarias. Algo nos pueden decir y enseñar de sus resistencias, luchas y visiones a lo largo del tiempo y el espacio. Sin ellas no habrá cuarta transformación que valga.

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